Especial: Exposición de arte contemporáneo reinterpreta colección personal de Diego Rivera en el Museo Anahuacalli de México
Por Carina López y Ricardo Montoya MÉXICO, 5 feb (Xinhua) — El Museo Diego Rivera Anahuacalli abrió este miércoles sus puertas una exposición de arte contemporáneo que reinterpreta, desde una mirada actual, el legado de su fundador, el muralista mexicano Diego Rivera, figura del arte moderno a nivel mundial. El proyecto parte de la visión de Rivera, quien concibió el Anahuacalli como un espacio vivo destinado no solo a resguardar, sino a activar los objetos antiguos que reunió a lo largo de su vida. A partir de esta herencia, la exposición “La rebelión de los objetos”, de los artistas Beatriz Cortez (1970, San Salvador) y Rafa Esparza (1982, Estados Unidos), reflexiona sobre el estatus de estas piezas y su relación con la memoria, la comunidad y el territorio, así como sobre las estructuras museísticas que han condicionado su interpretación. El Museo Anahuacalli alberga una de las colecciones de arte prehispánico más significativas de México con más de 50.000 piezas reunidas por Rivera, que evidencian su profundo respeto por las civilizaciones mesoamericanas. En entrevista con Xinhua, el director de Comunicación del Museo Frida Kahlo y el Museo Diego Rivera Anahuacalli, Rodolfo Cadena Labrada, explicó que la intervención de Cortez y Esparza desea recuperar el original de Rivera de entender su acervo no como un catálogo estático, sino como un organismo vivo de contemplación estética. “La exposición utiliza materiales orgánicos extraídos del propio entorno (barro, arcilla y tierra del Pedregal) para construir una narrativa que vincule la geología con la dimensión espiritual de los objetos”, señaló Cadena Labrada. De acuerdo con el directivo, la muestra se articula a partir de dos núcleos simbólicos fundamentales: la serpiente y el volcán. La serpiente, explicó el experto, ocupa un lugar central en la cosmogonía mesoamericana al ser el único ser capaz de transitar por todos los planos de la existencia, del inframundo al supramundo, donde se manifiesta en deidades como Quetzalcóatl, dios de la vida en la cultura mexica. Este tránsito simbólico se complementa con la presencia del volcán, una referencia directa al Xitle, cuya erupción dio origen a la piedra volcánica con la que fue construido el museo. La pieza central de la exposición evoca precisamente esa erupción como un acto generador de vida y transformación dentro del espacio museográfico. El concepto de “rebelión” alude a la liberación simbólica de los objetos de sus vitrinas. Cadena Labrada subrayó que Rivera siempre concibió estas piezas como obras de alto valor artístico y no únicamente como vestigios arqueológicos. En este sentido, la intervención contemporánea transforma lo estático en una experiencia estética activa, integrando adobes elaborados con la tierra del lugar y elementos orgánicos que dialogan con la arquitectura de piedra volcánica. La exposición respeta, además,la organización simbólica del Anahuacalli, estructurada en torno a los cuatro elementos (tierra, viento, agua y fuego) y vinculada a figuras como Chicomecóatl (diosa del maíz) y Tláloc (dios de la lluvia). Detalles personales del proyecto de Rivera, como la sala dedicada a Tláloc, ubicada en el punto más profundo del edificio, cobran nueva relevancia al convertirse en el lugar donde concluye el recorrido de la serpiente de adobe. Más allá de una propuesta de arte contemporáneo, “La rebelión de los objetos”, que podrá visitarse hasta el próximo 10 de mayo, reactivará la vocación del Museo Anahuacalli como una fortaleza ideológica y cultural, en la que el legado de Diego Rivera propicia un diálogo activo entre el pasado y el presente.






